Sin saber cómo y desde hace siglos la concha de la vieira se convirtió en la concha peregrina, objeto que se utilizaba para representar la culminación del Camino de Santiago por parte de los peregrinos. Cuando los peregrinos llegaban a la ciudad se les otorgaba en un pergamino acreditativo y se les colocaba en el sombrero la concha de vieira. Era la manera que tenían los peregrinos de demostrar que habían terminado el Camino y visitado así la capital gallega.

Muy probablemente su origen esté relacionado con la llegada a la costa en Finisterre donde muchos peregrinos culminaban su camino tras su llegada a la catedral de Compostela. Llevar la concha de vieira indicaba que habías llegado hasta el mar, hasta el fin de la tierra (Finis Terrrae) en tu deseo de cambiar de vida. Allí se realizaban diferentes ritos relacionados con el cambio de vida. Actualmente se puede ver también algunos rituales de este tipo entre los peregrinos que al llegar a Finisterre queman sus botas, o sus ropas como signo de renacimiento.

Desde el punto de vista religioso, la concha se relacionaba con las acciones buenas, se decía que mientras el peregrino portase esta concha debía someterse a los mandamientos de la religión cristiana.

Por otro lado, otra teoría resalta que la concha de vieira simbolizaba la pata palmeada de una oca. La oca es el símbolo de muchas tradiciones antiguas del reconocimiento iniciático, simbolizando el renacer de una persona. Esta teoría está muy unida a lo que dicen muchos peregrinos al terminar el Camino: “Cuando terminas el Camino eres una persona nueva, te descubres a ti mismo”.

El hecho de que la concha de vieira se instaurase como uno de los símbolos más representativos del Camino de Santiago hizo que se crease un gran mercado con ella. Antiguamente, tan solo podían comercializar la concha de vieira los establecimientos de la capital gallega, siendo prohibida la venta fuera de la ciudad bajo la amenaza de la excomunión de la Iglesia Católica.

Actualmente puedes adquirir la concha para colocarla en tu mochila en cualquier establecimiento a lo largo del Camino de Santiago y ya no solo se lleva a la vuelta del camino, porque casi nadie vuelve caminando.