Una de las preguntas siempre presentes en nuestra reuniones informativas del Camino de Santiago es ¿qué tipo de calzado debo llevar?

Mi respuesta rápida es: “el más viejo que tengas”. Y cuando insisten si bota, zapatilla, montaña, trekking… insisto: “el más viejo que tengas”. He realizado el Camino de Santiago en más de 20 ocasiones por todas las rutas conocidas, y lo más dramático que he visto son las ampollas en los pies por usar calzado nuevo. Personas que a falta de tres etapas tienen que abandonar porque el pie se ha convertido en una llaga.

Cualquier calzado nuevo, por muy cómodo que sea y muy bien que se ajuste cuando lo probamos en la tienda, si caminas 20 kilómetros seguidos con él, te provocará rozaduras. Si al día siguiente acumulas otros 20 kilómetros, para evitar la molestia caminarás apoyando mal el pie, lo cual provocará una nueva rozadura en otro sitio. Al tercer día estás perdido.

El calzado tiene que estar domado, hecho al pie y eso se hace a través del uso continuado. Por eso recomiendo siempre aquel que tengas más adaptado a tu modo de caminar independientemente del tipo de calzado. Yo he caminado con botas de caña alta, de caña baja, zapatillas de running y hasta sandalias. El modelo es lo de menos lo importante es la adaptación al pie.

Quiero aclarar que doy este consejo pensando en peregrinos que hagan la experiencia de Santiago en formatos como el que ofrecemos nosotros en Proyecto Ulises, experiencias de entre 7 y 10 días aprovechando el buen tiempo de verano y sin mochilas pesadas. Por supuesto si uno camina por Burgos en enero, será recomendable un calzado de invierno, impermeable e incluso con previsión de nieve.

Dicho esto, sin duda, las botas de trekking son las que reúnen mejores características para las necesidades de un peregrino. Es preferible usarlas de caña media o baja para una mayor movilidad y tener en cuenta que estén hechas de materiales transpirables y ligeros. Una variante son las zapatillas ligeras de senderismo o trail running, opción por la que últimamente se decantan bastantes peregrinos.

Es muy importante llevar, además del principal, por lo menos un calzado extra como unas zapatillas o sandalias. Después de la larga caminata que el peregrino hará a diario los pies necesitarán descansar de ese calzado, así que es muy recomendable llevar uno más abierto u holgado para dar respiro a nuestros pies en las horas posteriores a la etapa y por la noche.